En términos sencillos, la compraventa es un intercambio de una cosa por un precio. En el caso que nos ocupa, la cosa es un inmueble.

Ahora, nuestra legislación define a la compraventa como: “un contrato en que una de las partes se obliga a dar una cosa, y la otra a pagarla en dinero. Aquélla se dice vender y ésta comprar. El dinero que el comprador da por la cosa vendida, se llama precio.”

Vender nuestra casa, en su sentido amplio, no es una tarea sencilla, en ocasiones tampoco es agradable; pero más allá de las consideraciones personales, tenemos que cumplir una serie de requisitos y ritualidades para el éxito de esta operación inmobiliaria.

En primer lugar, una vez que se tiene un posible interesado, se debe realizar un estudio de los títulos del inmueble, para conocer el estadio jurídico de la misma, y si ésta está en condiciones de ser comprada. Lo señalamos de esta forma, ya que a quien interesa conocer esta historia es, precisamente, al comprador.

A continuación, en algunas oportunidades es aconsejable firmar un contrato de promesa de compraventa, para asegurar el negocio jurídico, puesto que, puede ocurrir que el comprador no tenga el dinero hoy para comprarla y deba recurrir a un crédito o mutuo hipotecario, o bien, no se pueda vender por una circunstancia subsanable, como un embargo o no se ha realizado la posesión efectiva.

Una vez, suscrita la promesa de compraventa, y cumplido el plazo o la condición ahí estipulada, o bien, cuando el negocio inmobiliario derechamente se ha concretado en un acuerdo de voluntades, corresponde la suscripción de la compraventa del inmueble. Esta operación necesariamente debe efectuarse ante un Notario Público, ya que todos los actos o contratos que versen sobre inmuebles, para que surtan efectos jurídicos, deben constar en escritura pública.

Uno no se hace dueño del inmueble firmando la compraventa, por ende se recomienda que el precio nunca se pague en este momento, así como tampoco se haga entregue material del inmueble en ese momento. Lo aconsejable, es que se dejen en custodia y deposito ante el Notario que suscribe un vale a la vista, que no es otra cosa que dinero depositado en un banco comercial, pagadero a nombre de la persona que se indica, y paralelamente se dejen instrucciones que digan cuándo y a quién deberán entregarse este instrumento.

Las instrucciones generalmente dirán que el precio se pagará mediante este vale a la vista, en el momento que el vendedor lleve una copia de inscripción del título de dominio, (contrato de compraventa en este caso), en donde conste que la propiedad o dominio del inmueble corresponde al comprador. Copulativamente, la costumbre obliga a que se muestre un certificado emitido por el ente conservador, en donde conste que la propiedad no se encuentra afecta a ninguna hipoteca, gravamen, prohibición o litigio.

Cumpliendo esta ritualidad, se pagará el precio.

Como se aprecia, la compraventa es una operación compleja, por cuanto son múltiples los actos que se deben realizar para perfeccionarla y producir la transferencia del dominio.

Una inversión de estas características siempre requiere de la asesoría de un experto del área del Derecho.

Recuerde: “El que paga mal, paga dos veces”

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